Viaje por el Río Amazonas (6 dias)

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Tarde lluviosa en el puerto de la ciudad. Llegamos mas temprano de lo debido por miedo a perder el viaje (ya que era nuestra única salida a Venezuela), aunque fue en vano, porque la salida demoro más de lo que creíamos y recién a media noche el barco comenzó a navegar.
Lo que esperábamos sería un placentero y relajado viaje por la jungla comenzó a cambiar en un instante. Intentando instalarnos, subimos al piso superior y creyendo haber encontrado la mejor ubicación dejamos nuestras cosas. Mas tarde, el lugar se convertiría en lixeira (basurero) de latas que jogaban los hombres que tomaban cerveza y escuchaban tecno brega a máximo volumen a tan solo medio metro de nuestras camas improvisadas en el piso, a falta de redes(hamacas).
La primer noche comenzamos a identificar los personajes de la tripulación (además de los ya mencionados borrachos brasileros): dos franceses con su heladera portátil llena de cerveza, mas una japonesa, un inglés, un español, dos australianos y un brasilero agringolado que conformaban el “team de los gringos”, los cuales se dedicaban pura y exclusivamente a beber empedernidamente. Mientras, Flor y yo tejíamos como dos peruanas pensando en las futuras ventas que se aproximaban en Venezuela. A su vez, nos dedicamos a contemplar el impactante paisaje Amazónico. Así fue que pasamos los siguientes 6 largos e interminables días de viaje por el río más caudaloso del Mundo.
Conocimos a un artesano brasilero, Edmir, quien nos invito a dar un pequeño recorrido por su pueblo el día de la parada en la ciudad de Santarem, en la cual pudimos estirar un poco las piernas.
Ese día nos dedicamos al relajo y disfrute de las bellezas del lugar. A penas a media hora de bus llegamos a Alter do Chao, pueblito tranquilo y pintoresco, donde paseamos con Edmir y los dos franceses en un barquito pequeño que le habían prestado. Las horas pasaron tan rápido que ya teníamos que estar de regreso en la barca porque estaría saliendo. Arriba del bus de regreso ya nos hacíamos perdidas en Santarem sin mochilas ni dinero en los bolsillos.
Al llegar al puerto nuevamente la barca estaba ahí y aun faltaban unas largas horas de descargo de mercadería. Dimos un paseo nocturno con otro personaje, el cubano (marinero con una merecida historia a parte) y casualmente dimos con una fiesta junina que había organizado el barrio. Niños con sus vestimentas haciendo sus típicos bailes alegraban al publico, que, ubicado en las mesas montadas en la calle disfrutaban de las delicias culinarias brasileras, de las que también pudimos disfrutar y “de grasa”(gratarola!) gracias a una señora muy amable que nos convidó. El viaje continuó con una noche de alcohol con el barco ya navegando. Flor termino comunicándose con el inglés (que no sabia español) en el idioma universal del borracho: las señas.
A penas se asomaban los primeros rayitos de sol valía la pena abrir los ojos para apreciar el paisaje que nos rodeaba, Como también al momento del atardecer y ni hablar del cielo estrellado por la noche con el croer de las ranas de fondo. Todo a nuestro alrededor era naturaleza, estábamos respirando el aire mas oxigenado de todo el planeta, sensación increíble, lástima que los mismos brasileros no sabían valorarlo, ya que pasaban horas jugando a las cartas o viendo pasar el track del DVD en el televisor.
Fue increíble ver la realidad de la gente que mora na veira do rio. Este año, había crecido tanto que algunas personas habían tenido que abandonar su casa. Los que se quedaron, salían y entraban en su canoa.
Durante todo el recorrido se acercaban niños pequeños en sus canoas, esperando recibir algún regalito que la gente del barco acostumbraba arrojarles, como ropa, golosinas, etc. Embolsadas previamente para ellos.
Algunos, siguiendo la correntada de la barca, amarraban su canoa, subían rápidamente y vendían productos de la región como palmitos, camarón y açai, por supuesto a muy bajo costo.
Mas allá de tener que lidiar con los curiosos vecinos que se empecinaban en perseguirnos con sus miradas y preguntas obsecuentes día y noche, como por ejemplo ¿que idioma se habla en Argentina? O si nuestra moneda era el dólar…pudimos disfrutar del paseo en barco.
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