Santa Marta (21 días)

Septiembre de 2009
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La nueva casita estaba ubicada en un barrio bien humilde sobre el cerro, calles de tierra, perros y niños jugando por todos lados, el vallenato de fondo y un clima súper amigable pero con un calor triplehijoeputa! Y un sol que raja la tierra.
En seguida nos fuimos acomodando al lugar, los nenes del barrio ya nos conocían, los dueños de las tiendas (almacenes) donde a veces era complicado conseguir algún producto que no entrara entre los básicos, como papel higiénico, pan, leche y tomate. Eso si, el aguardiente se conseguía en todas!
Nos dedicamos a las ventas en las playas cercanas que daban a hoteles 5 estrellas, bajando el cerro nos quedaba directo así que el lugar ideal, y aunque no hicimos grandes fortunas, nos er suficiente para comer, la vida aqui es muchisimo mas barata que en venezuela.
Que mas se podía pedir, ah si! atardecer en el mar y un mar súper transparente, que vida tan dura la nuestra…
Una noche conocimos el Rodadero, lugar donde pasean todos los turistas y donde Jairo tenia su puestito de artesanías en una feria. Las bandas de vallenato se escuchaban tocando por algunas chirolas, la gente metiéndose al mar calentito, un poco de vendedores ambulantes de reventa acosaban sus clientes y otro poco de gente de la calle pidiendo comida. El cambio de país se notaba bastante, la pobreza en las calles es notable, sin embargo la gente más humilde es la que mejor nos trata siempre, los colombianos son amables y amigables.
El atractivo principal de la ciudad siempre es el tan nombrado Parque Tyrona, con sus tropicales y paradisíacas playas que tanto nos dijeron, así que con Ayumo (japonés) decidimos entrar por un camino alternativo, pero la expedición fue fallida, ya que nos salió una mina a querer cobrarnos la entrada, la cual no era nada económica, así que cambiamos el rumbo a Palomino. Pueblito de pescadores que da al mar donde no había más que dos vecinos hippies nudistas y un grupete de artesánganos argentinos ranchando hacía rato, comiendo pescado. Alguna que otra canoa de pescadores nativos y mar a vierto para nadar. Nos dedicamos al relajo, la lectura y a la ingesta de coco seco como gula principal. Bueno también ingerí un poco de gasolina, que no sabemos si fue por equivocación o por mala intención de algún asesino serian que andaría rondando, casi muero envenenada!!!!!!!!
Otro de los paseos típicos es Taganga, pueblito de pescadores a media hora de Santa Marta, donde llegan la mayoría de los artesánganos argentinos en busca de gringos. Por esas playitas también nos dedicamos a las ventas y el paseo. Hicimos snorkel de prestado con uno de los pescadores locales, vimos miles de especies diferentes de peces multicolores alucinógenos!
Flor fue masajeada por un negro costeño local que la embadurnó en aceite de coco con zanahoria, olía rico pero era muy pegajoso, costó sacarlo. En fin la vida relajada del trabajador artesano jeje
Otro de los paseos a Taganga lo hicimos junto con Gary y Bruno, con los que fuimos a incursionar las playas por la noche. El mar estaba tan transparente que podía verme las manos en el fondo a plena noche y sin luna llena. Además de eso para flashiarla mas aun se veía el Plantom: bichitos que comen las ballenas, son miles, pequeñisisimos y verde flour, nadando se los ve como si fuese polvo de hadas, realmente INCREIBLE! Que más se puede pedir, flotar panza arriba viendo las estrellas con el mar calentito por debajo…
Al otro día seguimos relajándonos por las pequeñas playas de pescadores que se ubican por los alrededores del caminito de montaña que bordea el mar. Haciendo snorkel nuevamente, me lesioné un oído, lo que me mandó a la salita de emergencias nuestro barrio, a la cual ya había asistido Flor por algo que tenía en su pie. La doctora le dijo que tenía una infección, pero nono estaba muy equivocada, era la culebrilla!!! La gente del barrio sabia más que la doctora y le recomendó un curandero, le hizo un gualicho mágico y santo remedio, el bicho murió disecado en el pie de Flor, pero aun faltaba encontrar al segundo, el cual cachamos un tiempo después alojado en una de sus nalgas jajaja
Así pasamos más de tres semanas instaladas en casa de Jairo, artesano amigo ya, intercambiamos materiales, nos enseño varios trucos, nos prestó su perforadora y nos divertimos con las travesuras de su perro Lucas, quien siempre nos seguía al salir, que gonorrea! era la frase típica colombiana que describía al pequeño cola de gancho.
Una de las últimas excursiones fue al cercano pueblo Aracataca, con el cual rompió las pelotas Flor durante todo el viaje, ya que era el pueblo natal del escritor Gabriel García Márquez.
Como siempre salimos en chance y en menos de 2 hs. estábamos ahí. El pueblo no tenia demasiados atractivos, pero Tim, el couch mas loco que nos tocó ( europeo algo excéntrico) se encargó de mostrarnos el pueblo y todo lo que tenia que ver con “Cien años de Soledad” libro del cual era hiperfanático, además de darnos un refrescante chapuzón en el río, para aliviar el agobiante calor típico de la zona. Al tour se sumo Bany, otra couch oriunda de New York, descendiente de ecuatorianos, la cual se sumo muy emocionada a la chance de regreso a Santa Marta (su primer experiencia).
Tristemente nos despedimos de nuestro amigo Jairo y salimos al camino.
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