Isla Margarita (12 días)

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Prometía pero no cumplía, ya que lo que veíamos no era nada de lo que uno suele imaginarse como una Isla tropical paradisíaca: el paisaje era seco con arbustos bajos, las casas bien improvisadas (muchas viviendas que construyó el gobierno) y las calles con muchísima basura ¿y las palmeras con cocos?
Pisamos el centro y en seguida otro de nuestros “as bajo la manga” venia a recogernos: Andrés. Llego en su camioneta a la Plaza Bolívar (luego notamos que todas las ciudades de Venezuela tienen una) y nos llevo hasta su departamento. Esta vez mas lujoso, creo que el Couch mas “zifrino” (adinerado en jerga local). Estacionando ya podíamos ver la súper piscina y la playa de arena blanca a unos pocos pasos, subimos y no acreditábamos la vista que tenía ese ventanal, la mejor de todas las vistas: nada más ni nada menos que el MAR CARIBE!!!
Andrés muy buena onda. Pasamos algunos días disfrutando de la playa a la que iba a practicar Kitesurf y aprovechamos para vender. Comimos demasiado bien ya que además era chef, leímos todos sus libros de fotografía (que además le gustaba mucho) que mas podíamos pedir, tomarnos un vinito mirando el mar caribe! Todo un lujo…
Todo era color de Rosa hasta que un llamado interrumpió mi sueño: habían internado a la abuela de Andrés que supuestamente se había pegado la gripe porcina. Tuvimos que salir rajando de ahí, el se iba directo a Caracas. Mochila al hombro y 30 minutos de taxi (que encima pagó el) mas tarde estábamos en la calle nuevamente, en realidad en Playa el Agua, el point para las ventas, así que por lo menos no moriríamos de hambre. Pero sólo teníamos 14 bolívares en a nuestro favor.
Hablando con la gente, nos mandaron al lugar donde todos los artesanos ranchan: Casa Rosada o vulgarmente llamado “camping de Araceli”. Armamos la carpa como pudimos, ya que a esa altura poco quedaba sano de ella…dejamos todo y salimos a vender, hicimos lo necesario para el dia.
Así comenzó la estadía en lo que seria el peor de los lugares en que estuvimos acampando (incluyendo estaciones de servicio). Después de tanto tiempo viajando, siempre se encuentran camping de artesanos, como los ya mencionados tiempo atrás: “lo de Richard” (puerto Iguazú, que en este momento pasaría a la cabeza por ser el mas lujoso), “lo de Marcelo” (Ilha Grande) y por último rankeaba “lo de Araceli” por ser el mas apestoso!!!
Sólo había un inodoro para mujeres y uno para hombre, ningun baño tenia puertas y el agua salía a veces. La cocina era una peste bubónica: solo una ornaya sucia en la que las bajillas debían lavarse con un tarro de 20 litros con agua, la cual si se ensuciaba, no quedaba otra que usarla, porque era la única que había disponible hasta que Araceli abra la canilla. El sonido ambiental de la cocina eran los chirridos de las ratas vecinas y las “sillas” eran ladrillos. Los zancudos te chupaban la sangre a toda hora y las hormigas invadieron la carpa tres veces. Sin mencionar las lluvias torrenciales que interrumpieron nuestro sueño varias veces, ya que teníamos que sostener el plástico que cubría la carpa par no mojarnos.
Así soportamos varios días en compañía de una trouppe de Artesanos microbio, pero esta vez súper amigables, ya que en su mayoría eran colombianos, que se caracterizan por su simpatía y parla para las ventas(mas chamulleros que los argentinos sin duda alguna). Aquellos personajes sobrevivían a base del comúnmente llamado “retaque”: rollo de alambre en mano, una pinza y a la cancha con eso y su parla era suficiente para comer y comprar el Ron de cada día (o sea las 24 hs. con un Superior en mano). De desayuno, siempre había café colombiano y mangos que caían en cantidad del árbol del fondo.
Nosotras nos dedicamos a las buenas ventas por la playa el día entero caminando, sol, arena blanca y mar transparente eran nuestro ambiente de trabajo, quien puede quejarse de eso…así hicimos suficiente para irnos de compras: algo de ropa, tecnología, conseguimos Fernet Branca! pero lo mas importante: UNA CARPA NUEVA!!!...la tortura terminó cambiando el camping por una habitación. En el camping habíamos conocido a Rafael y Alejandro, artesanos
Venezolanos que prometieron llevarnos a conocer otras playas de la costa y así fue.
El último predispuestas a salir Flor volaba de fiebre y no tubo mejor idea que salir con todos nuestros ahorros en la mano para comprar solo un vestidito de 60Bs.f …no consiguió el vestido y además perdió absolutamente todo nuestro dinero en efectivo de un segundo al otro. Me la quería comer cruda, los planes cambiarían en un segundo, pero Rafa en un acto de buena voluntad nos presto lo suficiente para viajar…quedaríamos endeudadas
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