Cartagena de Indias (10 días)

MIRA LAS FOTOS!
Llegamos por la noche luego algunas horas de ruta. Después de dar varias vueltas medio perdidas por la ciudad, llamamos al Couch y nos vino a buscar en seguida. Apareció en su carro y nos dio una vuelta medio a las apuradas, nos dijo que no podíamos quedarnos en su casa esa noche, así que nos dejaba en un hotel barato, nos miramos y le explicamos que no teníamos mucha plata, el dijo que se hacia cargo y prometió volver al otro día. El hotel estaba lleno de puros gringos, éramos sapo de otro pozo, pero disfrutamos de una noche en cama, después de tanto tiempo.
Al otro día, luego de salir del hotel, ya que no había ni para pagar otra noche más, con mochilas y todo nos instalamos bajo el reloj del centro histórico de la ciudad, donde por suerte otro artesano nos dejó parchar por ser domingo. Llamamos al Couch pero no dio señales de vida. Nuestra buena fortuna hizo aparecer una clienta que nos compró lo suficiente para pagar el hotel, así que esa noche conseguimos cama de nuevo en un sucucho medio pelo…
Luego de dar aviso en nuestra pagina salvadora de la situación en la que estábamos, milagrosamente apareció Jorge, quien nos abriría las puertas de su casa como dos miembros mas de su familia, que por cierto no eran pocos: sus padres, sus dos hermanos, uno de los cuales tenia un bebe de año y medio, su abuelita de 94 años, la negra (la chica que limpiaba y hacia de niñera) y su hijita Nati.
Ahí fue donde nos pasaríamos algunos días engordando con los desayunos súper poderosos que nos preparaba la negra: plátano frito con queso.
Nuestra principal misión era conseguir un barco que nos cruzara a Panamá, la tierra prometida de los artesanos, así que caminamos hacia el puerto, donde pegamos un improvisado anuncio: trabajo a cambio de cruce (incluía versión en ingles, por supuesto).
Cartagena pasó a ser una de las ciudades que entró en el ranking de las más calurosas que visitamos en todo el viaje, a la cabeza, después de Maracaibo (Venezuela) y Belem do Pará (Brasil). Ese calor agobiante en el que tan solo por estar sentado en el bus te caen las gotas de sudor por la frente (acá el cobrador también tenia su tolla pequeña para secarlo) y aun caían teniendo en la habitación dos ventiladores prendidos que tan solo movían un poco el aire caliente.
La parte Turi no podía faltar a nuestra visita: recorrimos varias veces las calles del centro histórico o popularmente llamada “ciudad amurallada”, lugar que te traslada en el tiempo, se siente como estar por las calles de Europa. Las construcciones se mantienen igual desde la llegada de los españoles, muy pintorescas y coloridas.
Ahi mismo pudimos ver la fusion de las culturas, ya quela mayor parte de los habitantes de la ciudad son descendientes de esclavos. En las plazas de la muralla bailan los grupos de "Mapale" una especie de danza africana acompañada al ritmo de los tambores.
Luego de refaccionar el cartel del puerto y de haber hablado con algunos marineros gringos borrachos en el “happy hour”, conocimos a Diego, un brasilero que viajaba en velero con su hijo de 8 años (Luan el terrible). El se ofreció a cruzarnos, pero tendríamos que encontrar algunos pasajeros más. Solo bastó con un anuncio en Couch surfing, y en seguida apareció un nuevo tripulante: Hiro, un japonés que daba la vuelta al mundo en tiempo record con su “Lonely Planet” bajo el brazo (la guia más popular de Latinoamérica con instrucciones de como ser un gringo viajero).
Luego aparecieron Cristian y Naty, pareja de argentinos que venían viajando con planes de instalarse en México.
Ya casi todo estaba listo para zarpar…faltaban algunas compras, que por cierto las hizo la muy inexperta chica suiza noviecita del capitán…y a navegar!
0 comentarios:
Publicar un comentario