Cuyagua (5 dias)

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Fueron largas horas de viaje, salimos esa noche en el ferry desde Margarita a Puerto la Cruz, de ahí tomamos un bus a Maracay, desde ahí otro hasta El Playón, donde además de pasar una noche, conocimos a Eddie (brasilero artesano amigo de Rafa) y al fin pudimos salir para el pueblo de Cuyagua.
A penas llegados, cruzamos el río que caía al mar y armamos las carpas encima de las casitas de los cangrejos, personajes peculiares de toda nuestra estadía en el lugar (robaban todo tipo de objetos que encontraban a su paso, desde comida, utencillos de cocina, hasta un vestido que descubrí metido una cuevita), sin olvidar a los zancudos que aquí también marcaron territorio.
Primer día de ventas y el panorama era muy alentador: la playa estaba colmada de pibes acampando sobre la playa, con sus súper camionetas 4x4 con el regetón al mango y sus heladeritas colmadas de alcohol suficiente para una borrachera de fin de semana largo. Tetas operadas por doquier, creo que hasta mas que en Margarita, sólo que esta vez se trataba de chicas desde los 17 para arriba, realmente no creíamos estar en Venezuela sino en Yankilandia.
Pero luego de una larga caminata notamos que no nos “paraban bolas” (como se dice acá), ya que sólo nos ofrecían algo de tomar o lográbamos venderle a los que ya estaban demasiado ebrios.
Así pasamos el fin de semana entre mates (costumbre que adquirió Eddie por su ex novia argentina) y arepas (típica comida venezolana) a la parilla reversionada a lo brasilero.
Un temita preocupante fue descubrir uno de los síntomas de hippie, muy preocupante para mí: la invasión de piojos!!! (el único que tenia era Eddie entre su maraña de dreadlocks). Rafael estaba apestado de liendres y adivinen quien me los había pasado! Noooo juro que no soy jipiiii!!! Yo aun me baño! Así que empezó la campaña para su extinción.
Llegado el domingo y creyendo que sería un buen día de ventas salimos en busca de algunos riales (como le dicen acá a la guita en efectivo) pero ya era tarde y la playa había quedado desolada, con algunos turistas que quedaban por ahí y un cementerio de basura regado por todo el lugar.
En lugar de los riales pude conseguir un almuerzo carnívoro (bocado que no probaba hacia ya rato) y un botín con las sobras de los sifrinos: algunas botellas de alcohol, jugos, chucherías y comida chatarra.
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