Salvador de Bahía (21 dias)
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Casi llegando, sentíamos las turbulencias y la tormenta que azotaba la ciudad se hacia notar. A penas pisamos tierra firme vimos que llovía a cántaros. Era tarde y no sabíamos si pasar la noche entera en el aeropuerto. Decidimos llamar a uno de los que normalmente nos salvan de apuros, en este caso lo fue Alex, un brasilero buena onda por de mais, que casualmente vivía a tan sólo 10 minutos de ahí en ómnibus!
Llegamos rápido, luego del tradicional fastidio del molinete de los buses de línea para pasar con las súper mochila, Alex se asomó con su cara de feliz cumpleaños por la puerta del bus para asegurarse que no estuviéramos perdidas. Caminamos pocas cuadras y llegamos a su humilde morada en los barrios bajos de la ciudad, donde sin saberlo, pasaríamos el resto de nuestras vidas, no mentira! Pero bueno si demasiados para el agobiante calor de la ciudad y las lluvias que arruinarían nuestra labor como artesanas.
Lo primero es el deber y la Embajada Argentina nos llamaba. La buscamos todo el día como dos boludas bajo la lluvia torrencial dando vueltas en círculo gracias a las malas indicaciones del Google Herat. Cuando finalmente la encontramos estaba cerrada hasta el siguiente lunes…
Por unos días, y debido a “la época de lluvia”(sabida por todos los turistas y brasileros, menos por nosotras) nos dedicamos a la producción de artesanías y a la plagueza de entre casa. Lo que prometía ser el paraíso con arena blanca y buenas ventas, se transformo en jornadas de película con leyendas en portugués, lo cual nos ayudo bastante a FALAR, ya que además el dueño de casa no sabia otro lenguaje y teníamos que comunicarnos.
El momento tan esperado por ambas viajeras llegó. Embajada abierta y charla con la señora cónsul, la cual de no ser extraño como todo empleado público argentino, no le faltaban sus malos modales. Así y todo en el mismo día Flor recibió en mano su nuevo PASAPORTE DE LA REPUBLICA ARGENTINA!!! … ¡Lo logramos! ¡Prueba superada! Lo más complicado pasó y ya estábamos listas para recorrer “América Latina de Legales”…por supuesto luego de lograr salir de Brasil sin ser multadas, pero para eso faltaba mucho.
Ya tranquilas con ese asunto, nos dedicamos a otro que era el económico. Las ventas no fueron nada fácil, yo diría nulas. Luego de varios intentos de venta en el “punto estratégico de la ciudad”: Centro Histórico llamado Pelourinho. Allí llegaban todos los turistas extranjeros a visitar sus atractivos típicos: multiples iglesias, bahianas vistiendo sus trajes típicos y vendiendo bolitas de masa fritas rellenas de camarón; grupos de capoeira jogando en la plaza(auténticos caza gringas) entre otras cosas.
Lo mas vistoso eran sus calles de adoquines en subidas y bajadas pronunciadas, construcciones antiguas que hacían que uno se translade en el tiempo…
Luego de varios intentos por perseguir a los únicos 5 gringos que había dando vueltas (ya atosigados y molestos por los vendedores de collares de todas las edades) y sin haber obtenido buenos resultados, buscamos otras alternativas. El trabajo de Alex fue un punto de venta, al cual llego Flor varias veces en moto, almorzó en el famoso comedor Popular por tan sólo 1 real ( el cual incluye un plato con el infaltable arroz con feishon, farofa, frango o peixe, una fruta y un refrigerante).
Una de esas mañanas tocan el timbre, abro la puerta y para nuestra sorpresa eran las Lituanesas de nuevo! Las risas no pararon por un rato, éramos las mismas 4 Couch de nuevo juntas de casualidad. La convivencia no fue demasiado grata esta vez. Llevaban 8 meses de viaje, por lo cual, se dedicaron mas al relajo que nosotras, no se despegaron de la computadora portátil ni para comer, sin mencionar la higiene que mantenían al respecto. Hablaban entre ellas en un idioma indescifrable y trabado, mientras nos miraban y reían (¡Que te re contra! por las dudas....) vaya uno a saber que dirían de nosotras.
Casi cuando decidíamos marcharnos, y aceptando la oferta de Jime, viajera amiga que nos convenció de conocer Chapada Diamantina. Alex nos consiguió un trabajo por una noche en un casamiento evangelista, oferta que no pudimos rechazar y aceptamos contentas, sobre todo por los 90 reales que conseguiríamos a cambio. El único temita fue la indumentaria, ya que carecíamos de cualquier tipo de prenda considerada “presentable” para una noche de gala. Por suerte, de eso también se encargo Alex y las simpáticas vecinas del condominio. Esa noche Flor lució unas chatitas transparentes al estilo de Xuxa años ´90 y yo unos zapatos de plataforma de unos 10 cm. con los que tuve que hacer equilibrio para llevar una bandeja a la mesa.
El trabajo fue mas relajado de lo que habíamos pensado y los invitados crearon su propio autoservicio. Nos invitaron a bailar con ellos y por si fuera poco nos llevamos dos bolsas con comida (desde bocaditos salados hasta bolo de casamiento).
Ya casi decididas a marchar después de 3 semanas estancadas ahí, un llamado inoportuno hizo llegar a Javi, amigo gay argentino que habíamos conocido en Ilha Grande, el cual vino a alegrar un poco la situación con la energía y actitud típica de una “loca”.
A último momento, quien les habla, ya no soportaba más el calor pegajoso del lugar, y esperándome aun más calor por delante, decidí entrar en la peluquería y acabar con mi cabello.
El nuevo look, llego a confundir un poco a la gente respecto de mi relación con Flor. Algunos pensaban que éramos pareja (dando por sentado que yo era hombre) y hasta los mas delirantes con un poco de imaginación preguntaron si era su hijo!!!
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